Niños sonriendo, música y sopa, dulces compartidos, eclosión de ilusiones, proyectos inmediatos, respeto mutuo, visitas fugaces, fotos y recuerdos, luz, armonia, fuego hipnótico, la energía del amor que nos recarga para afrontar la semana…

Un domingo en casa de tus padres puede ser una obligación, una costumbre, una rutina… para algunos privilegiados, es todo lo contrario.

Si aún puedes sentar 3 generaciones en una misma mesa y disfrutar de recuerdos pasados y proyectos futuros, no desperdicies ninguna oportunidad, algún dia, éstos cálidos momentos pueden ser uno de los mejores recuerdos que acompañarán toda la vida a nuestros hijos.

Joan Clotet