Quedamos temprano para desayunar y aparece con la sonrisa puesta. Hace meses que no le veo y teníamos ganas de saber de nuestros retos. Nos pedimos unos tés, 2 palmeras y escogemos mesa tranquila junto a la enorme ventana. El sol ilumina las palmeras cual amanecer hawaiano mientras 2 amigos comparten momento vital. Tras el cristal, Barcelona despierta con el optimismo de los viernes.

Hablamos de presente, de futuro y de proyectos. Hablamos de quiénes somos, de experiencia, vocaciones y cambios. Hablamos de futuro laboral en positivo, de proyectar lo que somos frente a encajar en lo que buscan. Hablamos de no parar de aprender, de estar abiertos a las posibilidades y de explorar caminos en los que nos reconozcamos. Hablamos también del mar, de pasiones, de conexiones entre ocio y negocio y de cómo las inesperadas tormentas de la vida nos llevan a veces de forma imprevista a nuevos puertos desde los que partir a una vida más plena.

Navegar requiere estrategia, intuición, conocimientos técnicos y tácticos. El marinero experto (como mi amigo) respeta el mar, sabe leer los vientos en las olas, sabe cuándo conviene actuar con diligencia y cuando asumir su papel de no tan simple contrapeso. Y a pesar de todos sus conocimientos, habilidades y tecnología para medir y predecir, sabe que un día llega la tempestad y que hay que estar preparado para ello, porque a pesar de la ilusión, nunca controlamos todo de verdad.

Pero tras toda tempestad llega la calma. Y tras ella somos más sabios y conscientes del valor del presente y de las oportunidades del futuro.

Mi amigo tiene hoy motivos para sonreír. Su mujer recibió finalmente ayer una estupenda y esperada noticia , había superado el cáncer que les ha tenido encerrados durante meses en un paréntesis, pendientes, preocupados y ocupados de lo realmente importante. Mi amigo me dijo que hablar conmigo le cargaba las pilas, pero esta vez fue él quien me irradió energía, optimismo e inspiración.

Vivan los que luchan sin rendirse. Vivan los determinados positivos. Vivan los que paran cuando hay que parar para centrarse en lo que más importa. Vivan los que navegan por la vida conscientes de su privilegio diario. Vivan Javier i Àngels.

Viva la vida !