La espectacular vista aparece invertida tras el cristal de esa bombilla, como si el autor de tan sutil decoración nos invitara a interpretar la realidad desde otra perspectiva. Tras capturar un recuerdo vacacional más, una voz serena me pregunta si me gusta lo que veo. Un hombre menudo con aspecto de superar con creces los 60, fija una nueva pieza artística en la tierra junto al camino y nos invita a contemplar la vista que asegura alcanza su máximo esplendor en las invernales puestas de sol. Hablamos brevemente del privilegio de vivir en esas tierras y de su sorprendente evolución histórica que demuestra conocer. Le pregunto entonces por las férreas esculturas que decoran el mirador y que abundan por los alrededores de aquella masía del siglo XVI que nos cubre las espaldas.

Josep me descubre entonces su devoción y nos invita a visitar su taller. La curiosidad nos guía hacia un espectacular obrador con decenas de herramientas en disciplinada formación, oxidadas tiras de metal, polvo de hierro y multitud de detalles que denotan largas horas de minucioso trabajo. Atravesando la estancia, nos acompaña a una gran sala blanca impoluta y llena de luz, con 3 ventanas altas al exterior que nos parecen postales, unas pocas fotografías que transmiten vida y calculo que más de 20 creaciones artísticas que con hierro, madera, piedras y cristal juegan con la luz y el equilibrio para transmitir serenidad creando un clima acogedor que invita a la contemplación.

Impresionados por lo que vemos, ensalzamos su trabajo y Josep replica humildemente que él no es artista, que sólo practica desde hace 15 años y que ahora puede dedicar más tiempo a su afición por su prematura jubilación. Nunca recibió formación ni leyó libros ni ha visitado más museos que el de una población cercana. Aunque confiesa admirar al holandés Theo Jansen y sus esculturas cinéticas, desconoce a la mayoría de artistas lejos de su tierra y época vital. Aun así, cada una de sus creaciones irradia talento, magnetismo y sensibilidad. Piezas que van del puro divertimento al virtuosismo inconsciente. Algo socarrón, nos cuenta que no están en venta porque forman parte de su vida y del paisaje y porque el mundo del arte tiene unas estrechas e interesadas puertas a las que nunca ha querido llamar.

Qué paradoja … Josep que ha trabajado toda una vida como electricista, ha reservado  energía para brillar con luz propia en su última etapa iluminando el paisaje y la vida de las personas que se acercan a visitarlo.

En pleno retorno al trabajo me pregunto cuántas personas se permiten ser a tiempo quienes realmente son y cómo serían las organizaciones si todos descubriéramos y cultiváramos nuestro talento para brillar a menudo inspirando a los demás.

“El arte es el hombre agregado a la naturaleza” dijo alguna vez Van Gogh. De haber nacido en otro tiempo, Josep podría haber sido perfectamente su inspiración.