La aparición en 2011 de Snapchat y más recientemente las stories de Instagram nos abrieron una ventana a lo espontáneo por la que empezaron a entrar momentos de autenticidad. A lo fresco y original se le unieron rápidamente perlas de inconsciencia digital que conforman también nuestra huella y nos hablan de quién somos como generadores y  consumidores de contenido. 

Somos también y cada vez más, lo que vemos, leemos y escuchamos en redes sociales por lo que conviene comer sano digital y ganar tiempo de vida. Anuncios como los de Ikea  o Ruavieja han sido también un original guiño en estas fiestas a nuestra conciencia y una invitación a soltar lastre, poner foco y no distraernos de lo que de verdad importa.

Mas de 400 millones de usuarios diarios de Instagram stories y un crecimiento exponencial demuestran de forma contundente que existen nuevas necesidades y hábitos de consumo digital: el poder de la imagen, la rapidez, volatilidad y fuerza de las historias, son magnéticamente atractivas para personas y marcas. Una story es (digitalmente) efímera, como lo es nuestra propia vida, aunque sólo seamos más conscientes de ello cuando vemos de cerca su final. Con el irremplazable valor del tiempo en mente,  un hábito saludable para vivir más es conectar con lo que nos aporta y librarnos de lo que sobra.

¿ Cuánto tiempo de nuestra vida queremos consumir el próximo año contemplando selfies, saltitos, morritos, postureo o ego disfrazados de valor y a cuántos coleccionistas de contactos, torpes comerciales o yonkies de likes querremos acompañar en el camino ?

Reglamentos como RGPD nos liberan progresivamente de basura digital no solicitada. En estos días oportunos también para el balance anual y los buenos propósitos conviene poner orden para empezar bien el año .

Te invito a revisar tu timeline y fuentes de contenido evolucionando del “like for like” al “value for value. Que cada uno decida libre y conscientemente lo que le aporta valor, ésta será su dieta digital y por tanto mental y emocional en 2019.

El pasado día 13 perdí a uno de mis mejores amigos, marido y padre ejemplar. Un buena persona con la que he compartido 14 de sus 50 años y con la que en todo ese tiempo sólo recuerdo innumerables momentos y conversaciones de calidad y felicidad compartidos. No tenía redes sociales. Nunca las echó de menos.

Felices fiestas a todos y a por un gran 2019 en el que vivais vuestra propia vida, con retos, objetivos ilusionantes y momentos de calidad con las personas que merezcan vuestra atención plena.