La calidad de nuestra vida depende en parte de la calidad de nuestras conversaciones.

Tras una primera semana de confinamiento familiar por la pandemia del coronavirus, con salud de momento para todos, hemos decidido realizar esta tarde en casa un ejercicio de balance compartido. Con dos hijos adolescentes y cada vez más autónomos, volver a compartir espacio y tiempo al 100% está siendo un reto estimulante. Somos afortunados de pasar por esto en familia y queremos aprovechar esta situación excepcional para ayudarnos más en estos momentos y en el futuro.

Las pantallas hace ya tiempo que nos roban a todos las miradas . Hemos asumido normalidad en que cada uno consuma la mayor parte de su tiempo en sus proyectos, con un ocio compartido y degustado en común cada vez menos, por cuestiones de distancia, edad o preferencias. No siempre acordamos fácilmente qué película ver o qué preferimos cenar. No siempre coincidimos en la organización del espacio compartido o en qué es importante para unos y otros, pero sí mantenemos siempre una predisposición y casi necesidad, de una buena conversación, recurso imprescindible para construir y mantener unas buenas relaciones.

Los hijos desde pequeños son el mejor espejo de nuestros comportamientos, reflejo de nuestra pericia como padres inexpertos y hábiles jueces para incomodarnos cordialmente a medida que crecen, afirmando su personalidad y cambiando nuestra perspectiva desde su mirada. Ahora son también protagonistas del nuevo siglo y herederos del mundo que les dejamos.

Nuestro rol como padres, madres, hijos o abuelos difuminan muchas veces el de compañeros de piso, personas distintas que comparten genética, espacio o economía común, pero merecen ser tratadas como personas individuales, completas y libres. La incertidumbre, la vulnerabilidad, la humildad y unas buenas preguntas, nos ayudan a salir de nuestras rutinas y personajes para reconocernos y valorar que tenemos en los nuestros a un gran activo .

Esta crisis sanitaria, económica y social que enfrentamos nos grita que que nos necesitamos unos a otros más que nunca. En un mundo global, local, en nuestra comunidad y en nuestra propia familia, sólo podemos estar bien y progresar si todos lo consiguen de algún modo. Todos somos necesarios y hasta críticos en según que circunstancias, como nos demuestran estos días tantos profesionales del sector público y privado. Asumimos demasiadas veces que cambiar las cosas está fuera de nuestro alcance para evitarnos la exposición o el esfuerzo de hacerlo y perdemos con ello ocasiones de mejorar nuestro entorno más cercano o de cambiar el mundo si somos ambiciosos y valientes. Estas crisis dejan aún más claro que tenemos mucho por hacer para dejar un mejor legado.

Pero escribo hoy para poner en valor el poder de la familia, entendida en sentido amplio. Red de seguridad ante las dificultades. Los que siempre están y no siempre valoramos en toda su magnitud, poseídos por nuestros personajes, distraídos por nuestro día a día o amparados en esa falsa seguridad de que siempre tendremos tiempo. Hoy hemos decidido en casa parar en la parada y hacer un pequeño ejercicio de balance sobre cómo nos han ido las cosas estos días. 10 preguntas para la reflexión. Útil para pensar y sentir de forma serena, individual y compartida. Valioso para ser más conscientes. Positivo para enfocar nuestra próxima semana con más intención. 10 preguntas de las que comparto aquí nuestra respuesta a la octava: ¿ Qué palabra clave quieres tener siempre presente la próxima semana ? … en nuestro caso: Calma, Ilusión, Trabajo, Ahora.

Si os parece útil realizar un ejercicio como éste con los vuestros, en favor de una convivencia más consciente y productiva, aquí teneis el enlace. Adaptadlas a vuestro contexto, aunque lo importante es siempre apreciar más a los que tenemos más cerca, sin pantallas de por medio y conversar desde el respeto y el amor para aprender unos de otros y tratar de salir de procesos como éste más fuertes y quien sabe si hasta un poco más sabios.